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¿Qué hay detrás del debate a propósito del postnatal? Una mirada crítica del subtexto de la discusión

Por Yanira Zuñiga Añazco

En la mediatización de los discursos de los representantes del gobierno y de la oposición sobre el postnatal se aprecian, unas veces articuladas en armonía, otras en conflicto; dos fórmulas de instrumentalización femenina.

Una de las aportaciones de la filosofía de Kant es enunciar el principio de que las personas deben ser tratadas como fines en sí mismos y no como medios para alcanzar los fines de otros. Tratándose de los temas que afectan a las mujeres, este principio, a menudo, es olvidado. La manera en que se ha encarado el debate sobre la ampliación del postnatal ilustra esta instrumentalización, como antaño lo han hecho, las discusiones en torno al aborto y, más próximamente, la polémica sobre la píldora del día después.
 
En la mediatización de los discursos de los representantes del gobierno y de la oposición sobre el postnatal se aprecian, unas veces articuladas en armonía, otras en conflicto; dos fórmulas de instrumentalización femenina: a) las mujeres son simbolizadas como nodrizas necesarias para la salud y desarrollo de los niños y/o b) son simbolizadas como recurso humano indispensable para el desarrollo económico del país.
 
Así por ejemplo, en uno de los documentos de trabajo de la Comisión, Mujer, Trabajo y Maternidad (en adelante, la Comisión), se lee que el objetivo de la propuesta presidencial "es modernizar íntegramente la legislación laboral de protección a la mujer, lo que nos permitirá dar un gran salto como país en el cuidado de nuestros hijos y familias así como poder contar con el aporte de miles de mujeres, especialmente las más vulnerables, en el crecimiento y desarrollo de nuestro país" (Minuta mayo). Por su parte, los parlamentarios de oposición que han rechazado la recientemente entregada propuesta de dicha Comisión, advierten que "la iniciativa es un proyecto para los niños y su familia, por lo mismo, se debe dejar de lado la visión económica, que nos obliga a celebrar un día del consumo y que, al momento de proteger a los menores con la lactancia, se transforma en un problema" (Declaraciones de M. Ruiz-Esquide a la Radio Universidad de Chile, 9/9/10).
 
Cualquiera de las dos interpretaciones antes planteadas supone una apropiación, por parte del Estado, del cuerpo y de la autonomía de las mujeres, las que devienen una simple herramienta al servicio de los fines del primero (promoción del Mercado y/o de la familia). Esta apropiación se funda, a su vez, en un proceso de cosificación femenina (rei-ficación) que no encuentra su raíz en el propio Estado sino que proviene de la sociedad y que se impone como verdad autoevidente. Esto explica que enfrentados a este tipo de discusiones aparezca normal para los intervinientes (actores políticos, medios de comunicación y ciudadanos en general) que las mujeres satisfagan proyectos o planes de vida de otros individuos (niños, otros sujetos que requieren cuidado como ancianos o enfermos, y maridos o parejas) y que el bienestar personal de aquéllas deba-naturalmente- ser desplazado para la consecución de otros fines más valiosos: el bienestar de la familia y/o el de la comunidad.
 
Afortunadamente, la cosificación de las mujeres viene siendo interpelada en las sociedades democráticas por un proceso de resignificación de lo femenino que se expresa en una gradual subjetivación de las mujeres. Huelga reconocer que en la misma propuesta final de la Comisión hay algún elemento de este signo que convive con los anteriormente comentados, aunque no en una posición protagónica. Por ejemplo, en el documento que contiene la propuesta se alude a que el trabajo constituye per se una dimensión importante en el desarrollo de toda persona (p. 4).
 
No obstante, la instrumentalización que afecta a las mujeres parece estar tan arraigada en la cultura jurídico-política nacional que, incluso, un objetivo típico de la agenda de igualdad de género- la redistribución de los roles de género en el hogar que fundamenta la idea de un permiso parental intercambiable entre madre y padre- resulta explicado en clave de esta instrumentalización. En efecto, la Comisión razona que "el cuidado personal de los hijos, desplegado por padre y madre de manera conjunta o colaborativa es un factor que incide directamente en la educación, crianza y protección de los hijos" (pp. 5 y 6), sin advertir que dicha co-responsabilización implica también una fórmula de distribución más igualitaria de las tareas domésticas entre mujeres y hombres y que, por tanto, permite que las mujeres persigan objetivos de desarrollo personal que han sido largamente postergados. Así, nuevamente los intereses de las mujeres aparecen eclipsados por los intereses de los hijos.
 
Alguien podría pensar que en la medida que la propuesta de la Comisión tiende a alinearse con las tendencias de los países desarrollados en materia de tratamiento del postnatal (a saber, introduciría en nuestro ordenamiento con mayor alcance que en la actualidad un permiso para el padre a fin de que éste pueda participar en la crianza de los niños y tendería a facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral para las mujeres), resulta superfluo reflexionar por la ideología que esta propuesta trasunta. Después de todo, "a caballo regalado no se le miran los dientes".
 
Siendo honesta, tiendo a ver con buenos ojos varios elementos de la propuesta de la Comisión, en particular, el permiso parental intercambiable. Creo, sin embargo, que merece la pena detenerse sobre las bases ideológicas de este tipo de legislaciones dado que, en tanto vehiculan patrones normativos de feminidad, tienen un alto componente simbólico que influye notablemente en la vida de las personas. Y creo, además, como sugerí antes, que la verdadera subjetivación de un individuo está ligada de manera crucial a la manera en que el Derecho lo simboliza y a sus intereses.
 
Por ello, cuando una norma jurídica declara, explícita o implícitamente, que ciertos comportamientos son propios de una buena madre (por ejemplo, amamantar o postergar la vida laboral por la vida familiar) y que hay otros, en cambio, que están reñidos con ese patrón ideal (la búsqueda del éxito o el reconocimiento profesional, o el desenvolvimiento personal) estructura, a través de la fuerza normativa del Derecho, patrones de "normalidad" de lo femenino, cuya "desobediencia" se castiga con la estigmatización. En consecuencia, el texto y el subtexto de una ley sobre protección de la maternidad, resultan mucho más difícil de cuestionar que las declaraciones políticamente incorrectas de una funcionaria de gobierno, aunque el mensaje puede ser idéntico: "Cuando la mamá pueda estar con su niño, que esté, pero cuando la mamá decida irse a tomar, ir a la playa o a tomar un café con una amiga dejando al niño en nuestras salas, eso es lo que nosotros tenemos que evitar". (Declaraciones de Ximena Ossandón, Vicepresidenta ejecutiva de la Junta Nacional de Jardines Infantiles).
 
Hago votos, entonces, para que en este tema, así como para los relativos a los derechos sexuales y reproductivos en general, las mujeres comencemos a ser tratadas, de más en más, como fines.

Publicado: 2010-08-10
Yanira Zuñiga Añazco
Profesora de Derechos Fundamentales