Columnistas

 


Gobierno y participación universitaria

Por Álvaro Núñez Vaquero

Las recientes movilizaciones en la UACh (y en otras) han mostrado que las demandas de democratización de las casas de estudios son uno de los ejes centrales de los movimientos estudiantiles. No sólo porque entre los petitorios de los movimientos parecen encontrarse siempre un apartado de “participación”, o simple y llanamente de “democracia”, sino que el propio espíritu movilizador da cuenta, al menos, de las ansias de participación.

Hace ya varios años, alguien poco sospechoso de ser una extremista o un comunista, el teórico turinés del derecho y de la política, Norberto Bobbio insistía en que para poder consolidarse la democracia tendría que profundizarse. Entre otras cosas, ello significaba para Bobbio que la democracia debería a extenderse a otros ámbitos o contextos, entre los que se encontraba la propia universidad. Para que haya democracia es preciso que haya más democracia.

Las recientes movilizaciones en la UACh (y en otras) han mostrado que las demandas de democratización de las casas de estudios son uno de los ejes centrales de los movimientos estudiantiles. No sólo porque entre los petitorios de los movimientos parecen encontrarse siempre un apartado de "participación", o simple y llanamente de "democracia", sino que el propio espíritu movilizador da cuenta, al menos, de las ansias de participación.

Pero la democracia es, como ha insistido el Rector Emérito de la Universidad Católica de Chile el día 12 de agosto en El Mercurio, un engorro. La democracia es cara, tanto en recursos materiales como en tiempo. Tampoco ayuda precisamente a la gobernabilidad o a la gestión universitaria: estar pendiente de lo que opinan las mayorías, tener que hacer campaña o validar proyectos de largo recorrido a mitad de trayecto agota a cualquier gestor, universitario o de cualquier otro tipo.

Además, según algunos, las universidades son lugares de producción de conocimiento, no una polis en la que se requiera la participación de todos. Se corre también el riesgo de que tanto estudiantes como académicos ocupen demasiada parte de su tiempo en la política universitaria, desviando la atención de lo realmente importante: estudiar, y enseñar e investigar, respectivamente. Y lo mismo se podría decir del personal administrativo: zapatero a tus zapatos.

Para algunos, la democracia no tiene cabida en la universidad, como decía, precisamente porque la universidad no es una ciudad-estado ni un reino de taifas. Son, dicho claramente, una fábrica donde se produce conocimiento, con sus clientes y sus trabajadores. Pero quienes argumentan de esta manera olvidan al menos cuatro cosas respecto de la democracia y la participación.

La primera de ellas es que la democracia tiene virtudes epistémicas. Dicho claramente: por un lado, la democracia y la participación nos ayudan a conocer mejor cuáles son los problemas que aquejan a nuestras instituciones (a más voces, mayor posibilidad de identificar los problemas); por el otro, que a mayor número de opiniones, será más difícil que se nos escape alguna buena solución posible (a más voces, más difícil será que pasemos por alto alguno de los posibles remedios a nuestros males).

La segunda es que los detractores de la democracia universitaria también olvidan sus virtudes, como le gusta decir a mi amigo Andrea Greppi, doxásticas. Dicho de nuevo claramente: la democracia y la participación hace que sus miembros se reconozcan como miembros de pleno derecho y, de este modo, es más probable que se responsabilicen por su presente y futuro. No es que la participación vaya a hacer a todos los miembros más responsables por el futuro de las universidades, pero seguro que en mayor medida que si no se pregunta su opinión a buena parte de sus miembros.

La tercera de ellas es al menos una de las justificaciones de la democracia, que sirvió precisamente como acicate para el proceso de independencia estadounidense (pero no solo allí): no taxation whithout representation. Puesto en términos más generales, se trata sencillamente del principio de autonomía kantiano: la posibilidad de decidir sobre las reglas sobre las que se rige la propia vida. Y es que resulta francamente difícil explicarle a alguien que su vida a partir de ahora va a depender en un altísimo grado de una institución como la universidad, pero que no tiene voz en capítulo en su gobierno.

La cuarta y última es que más democracia implica, al menos en este caso, mayor control de las instituciones. La mayoría de nuestras casas de estudio están permeadas por procesos efectivamente participativos pero en el que el número de personas que participan en él es sumamente bajo, y en el que las personas que participan han sido designadas, no elegidas democráticamente. Esto hace que en última instancia la gestión y el poder universitario quede depositado en unas pocas manos.

Las amenazas que acechan a las casas de estudios universitarios, no solo chilenas sino de todo el mundo, son, en este contexto, el clientelismo y la corrupción. Brevemente: puedo, en cuanto académico y gestor universitario, estar tentado de no denunciar una situación irregular precisamente porque es posible que tal acto me perjudique para la futura aprobación de un proyecto que dirijo. Los incentivos para mirar hacia otro lado son en verdad bastante fuertes. Más democracia, ampliando el número de electores en la elección de los cargos dentro de la universidad, hace que la moneda de cambio del clientelismo se devalúe.

Pero, también tienen razón quienes insisten en que las casas de estudio son al fin de cuentas lugares de producción del conocimiento. Y, es verdad, estudiantes, administrativos y académicos pertenecemos a las aldeas universitarias por diferentes razones y a diverso título. Los académicos, pertenecemos por nuestro conocimiento; los estudiantes, precisamente porque carecen de dicho conocimiento; y el personal administrativo porque desarrollan una función imprescindible para que la vida universitaria sea posible.

Mucho me temo que pese a afectarnos directamente, hay cuestiones en las que la opinión de todos no debe tener el mismo peso ni la misma influencia. ¿Deben estudiantes o administrativos (o el Estado) señalarme cuáles son las materias sobre las que debo investigar? ¿Debo interferir yo en la forma en la que se deben desarrollar algunos procesos administrativos? Tengo la firme convicción de que no es así, porque hay un gran número de decisiones que requieren de conocimientos no disponibles para todos los miembros de la comunidad. Lo mismo que no podemos votar si preferimos teorías evolucionistas o del diseño inteligente, hay cuestiones dentro de la universidad que deben ser decididas democráticas.

Ahora bien, ello no puede ni debe significar que los estudiantes o el personal administrativo tenga un papel meramente testimonial en el gobierno universitario: que se oiga la voz de un representante estudiantil aquí o allá no es participación. No solo porque no tenga ningún peso o capacidad de influencia, sino porque la voz de un solo estudiante - por centrarme en ellos - no muestra la pluralidad de voces y sentires que constituyen al grupo de los estudiantes. Tomarse en serio la democracia universitaria quiere decir también que los estudiantes no pueden ser tratados como un grupo único e indiferenciado sin disenso interno.

La participación estudiantil es escasa, pero también sus propias organizaciones son deficientes en términos democráticos. Si los estudiantes quieren más democracia, más democracia deben tener también a nivel interno. Y democracia puede querer decir muchas cosas pero una cosa significa seguro: procedimientos claros y seguros también para quienes disienten de la mayoría. No es legítimo que las decisiones sobre las (legítimas) medidas de presión se tomen por un bajísimo número de estudiantes, o que los disidentes sean intimidados o abucheados en las asambleas.

Mucha más democracia y mucha más participación en todos los ámbitos de decisión de la aldea universitaria. Habrá que dejar para otra ocasión cómo estructurar dicha participación.

Publicado: 2015-08-14
Álvaro Núñez Vaquero
Profesor de Sistema Jurídico