Columnistas

 


Besamanos c`è

Por Andrés Bordalí Salamanca

Entre las acepciones posibles del término besamanos, destaca aquél que lo entiende como el acto en que concurren a besar la mano del rey y de las personas de su familia los funcionarios de la Corte. Algo similar sucede con el sucesor de San Pedro en el Vaticano, quien usa el anillo del pescador (anulum piscatoris), el que es besado por miembros de la iglesia católica como manifestación de respeto y obediencia. Besar la mano del rey o del obispo de Roma quiere decir sumisión y respeto. Hasta acá parece andar todo bien.

Las cosas comienzan a no andar muy bien cuando en una república democrática como la nuestra, se hable abiertamente por aquellas personas que son miembros del Poder Judicial o por los que quieren ingresar a él, de un trámite que parece ser esencial para ser promovido a un cargo judicial: ese trámite es conocido como el besamanos.

El besamanos judicial consiste, según refieren algunos miembros del Poder Judicial, en una entrevista que se solicita por quien está optando a un cargo judicial, a cada uno de los ministros de la Corte de Apelaciones o Corte Suprema.

Se trata de una práctica judicial propia de este poder del Estado, que el resto de los ciudadanos que no está familiarizado con el Poder Judicial, solo conoce por tradición oral de quienes forman o han formado parte del Poder Judicial. Ello se debe a que no existe en la ley que regula la designación de los jueces -el Código Orgánico de Tribunales- ninguna referencia expresa a un trámite de este tipo.

Recientemente algunos jueces que forman parte del Foro Judicial, instancia  que se ha creado por iniciativa de la Asociación Nacional de Magistrados y el Instituto de Estudios Judiciales, para discutir sobre la carrera judicial en nuestro país, han criticado públicamente en el diario El Mercurio  la existencia del trámite del besamanos.

Una ex ministra de la Corte de Apelaciones de Santiago, doña Raquel Camposano, en carta dirigida al director del diario en cuestión, ha reconocido que existe la costumbre de que los interesados a un cargo judicial hablen con cada uno de los ministros que van a confeccionar las ternas o las quinas. En su concepto,  este  trámite es muy valioso pues permite conocer, más allá de los antecedentes que figuran en un papel, las cualidades positivas o negativas de los interesados para desempeñar un cargo judicial.  No califica a este trámite como besamanos, sino como una entrevista personal del candidato con cada uno de los ministros de la corte de que se trate.

La discusión sobre el besamanos me recuerda algo de la historia de la Italia contemporánea. Hace años en algunas zonas de Italia, especialmente del sur del país, parte importante de la ciudadanía negaba que existiese algo llamado mafia, con especial referencia a la mafia siciliana conocida como cosa nostra. De la mafia no se hablaba o si se llegaba a hablar sobre ella se decía que no existía.  Uno de los primeros pasos que dio este país en la lucha contra la mafia, fue que se comenzara a reconocer por la ciudadanía y el Estado, de una manera pública, que esta organización criminal existía. Se impuso la expresión mafia c`è (la mafia existe). La expresión mafia c`è representa el triunfo de la transparencia y la legalidad contra el secreto y el miedo.

En este sentido, debemos destacar la labor que están realizando algunos miembros del Poder Judicial, quienes son los únicos que conocen las prácticas que se dan al interior de la organización, para denunciar aquellas que no están contempladas en la legislación vigente, y que no valoran ni miden las verdaderas cualidades que debe tener una persona para desempeñar un cargo judicial.

La entrevista personal de los candidatos con los ministros de las Cortes de Apelaciones o de la Corte Suprema, no permite visualizar ninguna función positiva. Desde luego no puede valorar el grado de conocimiento que ese postulante pueda tener del derecho. Si lo que se pretende considerar es el perfil psicológico del candidato, los ministros de las cortes no poseen los conocimientos técnicos que les permita valorar aspectos personales del candidato.

La entrevista personal o el besamanos solo se comprenden en la lógica de la estructura jerárquica y autoritaria que existe al interior del Poder Judicial. Esta práctica indica que para ser nombrado en un cargo judicial, el candidato debe ponerse a disposición de su superior mostrándole sumisión y respeto. Obviamente no será necesario besarle la mano o el anillo al ministro, pero el equivalente a eso consiste en solicitar la entrevista y ponerse frente a él. Esa es la forma en que se manifiesta la expresión de respeto y sumisión. Y es la manera como se puede optar al cargo judicial.

La práctica del besamanos pone una vez más en evidencia la relación que existe entre la organización de nuestro Poder Judicial y la monarquía absoluta y la Iglesia vaticana. Basta tener en cuenta que la estabilidad en el empleo de un juez de la república, depende de que la Corte Suprema considere, a su total arbitrio, que ese juez tiene buen comportamiento (art. 80 inc. 3º CPR), algo similar a lo que sucedía con los jueces del Estado absoluto. O basta tener en consideración que los jueces pueden ser sancionados por sus superiores por tener una conducta moral irregular o viciosa, o una vida en general poco decorosa, como si su legitimidad, al estilo de los sacerdotes católicos, consistiese en ser una persona moralmente intachable y no en ejercer su cargo de conformidad a criterios de legalidad.

Ha sido una excelente noticia saber que existe la práctica del besamanos. Besamanos c`è.

Ello pone en evidencia que se necesitan cambios constitucionales y legales urgentes para hacer de nuestro poder jurisdiccional un poder independiente no solo respecto de las influencias de los poderes políticos sino también de las cúpulas judiciales.

Publicado: 2011-04-25
Andrés Bordalí Salamanca
Profesor de Jurisdicción