Columnistas

 


¡Viva la Cordillera de los Andes, muera la cordillera de la costa! (Hidroaysén, lacrimógenas, sistema binominal y otras hierbas)

Por Felipe Paredes Paredes

Las masivas protestas en contra de la aprobación de Hidroaysén, deberían encender una alarma en la clase política que es cada vez percibida con mayor distancia por el ciudadano medio. Es justo que en una democracia, la opinión de la ciudadanía deba ser considerada en la toma de las decisiones políticas. Con mayor razón, cuando ésta se expresa de manera tan contundente como lo ha hecho en estos días.

El presente año hemos sido testigos de un resurgimiento de los movimientos ciudadanos. Grupos más o menos organizados de personas, han plantado cara a las decisiones del Gobierno, logrando bastante más que poner nervioso al Presidente y su equipo político. En enero, vimos cómo el "Puntarenazo", obligaba a deponer el alza del gas en la zona. Recientemente, las masivas protestas en contra de la aprobación de Hidroaysén, al menos ponen una cuota de suspenso al futuro del proyecto.

Para un observador externo a nuestra realidad, resultaría curioso cómo este ímpetu social, no se logra reflejar en términos de apoyo explícito a los partidos políticos con representación parlamentaria. La última encuesta Adimark Gfk, nos dice que el Gobierno saca mala nota (49 % de rechazo frente a un 41% de aprobación). La oposición a su vez, tampoco lo hace mejor (un 61% de rechazo ahorra cualquier comentario).

Aunque frecuentemente se trate de relativizar las encuestas, los números no mienten. Un sondeo realizado en estos días por la Fundación Aysén Futuro, arroja que un 60% de los aiseninos rechaza el proyecto de marras. Supongamos que este porcentaje lo pudiéramos traducir en términos de mayorías parlamentarias. Nos alcanzaría, ni más ni menos, para aprobar una Ley Orgánica Constitucional (4/7 de Senadores y Diputados en ejercicio). Sí, la misma que hace falta para modificar el sistema electoral y cuyo quórum no ha sido posible alcanzar en todos estos años.

Pero sigamos. Un estudio realizado por el Centro de Estudios del diario La Tercera (al que no se podría acusar de obstruccionismo al Gobierno), indica que un 74% de los chilenos rechaza la aprobación de dicho proyecto. Lo interesante según el matutino, es que no hay segmento etario, clase social, ni opinión política, donde este resultado se revierta. Increíble. Haciendo el mismo ejercicio anterior, podríamos aprobar sin problemas una reforma constitucional (3/5 o 2/3, según sea el caso, de Senadores y Diputados en Ejercicio).

Pues bien, si frente a este contundente escenario, el Ministerio del Interior tiene como única respuesta sacar a la calle la Fuerza Pública y disparar bombas lacrimógenas contra los manifestantes, o bien se hace una lectura bastante ingenua de la situación, o bien ya se perdió la poca vergüenza que quedaba.
En este sentido, la lectura que cabría hacer desde la óptica del déficit democrático que padece nuestra sociedad, es que esas personas que rechazan, tanto al Gobierno como a la oposición, están justamente en las plazas de las distintas ciudades del país, gritando consignas contra los responsables de su exclusión política. Algunos, incluso manifestando su descontento a través de la violencia. Por lo mismo, de todo esto se deberían sacar lecciones sobre cómo democratizar un modelo que, no obstante las reformas, sigue funcionando de espaldas a la ciudadanía.  Desde esta perspectiva, ha sido el sistema binominal el principal obstáculo para que fuerzas políticas distintas de la Concertación y la  Alianza por Chile (o como se llame) lleguen al Congreso. Con mayor razón, si ambos conglomerados políticos han hecho todo lo que está a su alcance para que se apruebe esta iniciativa, a pesar del alto rechazo que suscita.

Por lo mismo, la respuesta inmediata que debería surgir en estos días desde la clase política es un debate público y una mayor sensibilidad frente a la opinión pública. Pero también es un buen momento para volver a plantear la discusión sobre el sistema electoral. Creo que a estas alturas, nadie podría estar en desacuerdo, que además de poder insultar a la autoridad de turno, los ciudadanos deberían tener la posibilidad de canalizar sus opciones políticas a través de los mecanismos institucionales, en virtud de los cuales se expresa en una democracia, la voluntad popular.

Por mientras, parafraseando al  viejo y querido Nicanor, solo nos quedan esas ganas locas de gritar:
¡Viva la Democracia, muera el sistema binominal!

La razón esta vez sí que la sospecho. 

Publicado: 2011-05-16
Felipe Paredes Paredes
Profesor de Derecho Constitucional