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Reporte desde Alemania: igualdad, derecho, y algo más

Por Fernando Muñoz León

Alemania es una sociedad igualitaria cuyo Estado se encarga activamente de velar por dicha característica, y espera para ello los más altos estándares por parte de los miembros de la profesión jurídica.

La ciudad de Karlsruhe (o refugio de Karl, el Margrave que estableció su residencia allí en 1715) alberga las oficinas de los más altos tribunales alemanes en asuntos civiles y constitucionales. Hasta allá llegué para visitar a Johannes Saurer, académico alemán a quien conocí en la Universidad de Yale mientras ambos cursábamos el programa de Master of Laws, y a su esposa Sigrid Emmenegger, abogada asesora del Presidente del Tribunal Constitucional Alemán Andreas Voßkuhle. La conversación me permitió interiorizarme sobre algunas características de las instituciones públicas alemanas y sobre los desafíos del estudio y ejercicio del derecho en Alemania, particularmente en el caso del derecho constitucional. La impresión de conjunto que me produjo nuestra conversación puede ser resumida en una idea central: Alemania es una sociedad igualitaria cuyo Estado se encarga activamente de velar por dicha característica, y espera para ello los más altos estándares por parte de los miembros de la profesión jurídica.

Desarrollo solidario entre las regiones y Estado de Bienestar

Alemania es un país federal organizado en Bundesländers o estados federales. Algunos de ellos, como Baviera, son más ricos mientras que otros, como Berlín, son más pobres. La institucionalidad alemana contempla poderosos mecanismos de reparto o redistribución entre todas estas unidades territoriales. Según Johannes, por ejemplo, sin ellos Berlín no podría sustentarse a sí misma. Este es uno de los muchos elementos que componen el complejo Estado de Bienestar alemán, sistema institucional orientado a general igualdad y desarrollo para todos mediante la provisión de subsidios institucionales y derechos sociales; derechos entre los cuales se encuentra, por cierto, la educación superior, la cual es prácticamente gratuita en Alemania. Los niveles de exigencia académica en ella, asimismo, son considerables, y para mantenerse dentro del sistema el alumno debe ser capaz de rendir ante los desafíos.

El sistema de educación superior

Las universidades son sustentadas económicamente en su integridad por los Länder; pero son, al mismo tiempo, organismos autónomos o cuerpos autogobernados según la denominación conceptual que reciben. Las municipalidades y las universidades son, de hecho, los ejemplos paradigmáticos de la categoría de cuerpos autogobernados; las municipalidades lo son respecto de un territorio, y las universidades, respecto de un grupo de personas. El grueso de las universidades son, por esto, públicas y autónomas. Hay muy pocas universidades adscritas a algún credo religioso; tan sólo una universidad católica, por ejemplo, tiene cierto prestigio.

La unidad básica universitaria es la cátedra. Por cada cátedra hay un profesor titular, y cada profesor titular tiene una cátedra (a diferencia de otros sistemas universitarios europeos, donde esta igualdad no se da). El profesor titular de la cátedra tiene a su cargo un importante grupo humano entre profesores asistentes, ayudantes, y personal administrativo. Al menos un tercio de su tiempo ha de estar dedicado a labores administrativas. Adicionalmente ha de enseñar un par de cursos y, desde luego, publicar. Los profesores titulares de cátedra conforman el claustro, la unidad gubernativa superior. En las escuelas de derecho, normalmente los profesores de derecho privado conforman la más amplia mayoría, seguidos por los profesores de derecho público y, por último, los profesores de derecho penal.

El estudio del derecho

Estudiar derecho en Alemania no es cosa fácil; y está precedido por minuciosas examinaciones en la educación primaria y secundaria durante los cuales el alumno es evaluado en sus aptitudes y destrezas, de tal forma de ir determinando el alcance de sus capacidades. El estudio en las Facultades de Derecho concluye con un Primer Examen Estatal. Este examen, de carácter anónimo y estandarizado, mide los conocimientos teóricos adquiridos durante la carrera. El título académico obtenido así carece de utilidad inmediata; con posterioridad a él, los egresados de derecho deben realizar una práctica de dos años o Referendarzeit, pagada (modestamente, desde luego) por el Estado. En tal calidad pueden trabajar, por ejemplo, para jueces de primera instancia o también en oficinas de abogados. Tras concluir esta práctica deben aprobar un Segundo Examen Estatal, el cual los habilitará para ejercer como abogados. Si llegan a obtener muy altas calificaciones, los estudiantes pueden ser invitados a transformarse en jueces.

Aquellos profesionales que deseen distinguirse y que hayan destacado en sus Exámenes pueden hacer un Doctorado. Para ello deberán postular a becas y otros fondos. Para la obtención del título de Doctor, la ley establece que la tesis escrita por el doctorando ha de ser publicada. Finalmente, quienes deseen dedicarse a la enseñanza del derecho pueden hacer su Habilitación, una especie de segundo doctorado que tras ser aprobada exitosamente les habilita para ejercer la docencia. Johannes, por ejemplo, realizó hace poco la defensa oral de su Disertación Habilitadora o Habilitationschrift. La ley no establece la obligatoriedad de publicar la Habilitationschrift, pero quien no lo hace se expone a ser mirado con sospecha por la comunidad profesional. ¿Hay algún problema con su tesis, que no la publica? Aprobar la Habilitación no es el último paso: ello entrega la calidad de Privatdozent o licencia estatal para pero no le garantiza a uno que encontrará trabajo. Cada año se abren unas 6 o 7 plazas docentes entre todas las 40 escuelas de derecho en toda Alemania, por cada una de las cuales concursarán unos 70 u 80 Privatdozents.

El Tribunal Constitucional

El Tribunal Constitucional alemán está compuesto por dieciséis jueces divididos en dos salas o Senados. De éstos, un Senado está dedicado a oír recursos de constitucionalidad presentados por individuos en defensa de sus derechos (lo cual en nuestro sistema está entregado a las Cortes de Apelaciones y la Corte Suprema), mientras que el otro Senado revisa la constitucionalidad de las leyes (lo cual entre nosotros está entregado al Tribunal Constitucional y, a diferencia del sistema alemán, no puede ser solicitado por cualquier persona sino tan sólo por los órganos colegisladores).

A diferencia de lo previsto por la Constitución chilena, los jueces del Tribunal Constitucional alemán son elegidos exclusivamente por el Congreso. Ellos suelen ser reclutados de entre los profesores de derecho y los jueces de otros tribunales; tan sólo una pequeña parte de ellos han sido anteriormente políticos. Varios de los miembros del Tribunal Constitucional militan en algún partido político, y es común que al ingresar al Tribunal no renuncien a su militancia; sin embargo, los jueces del Tribunal mantienen un estricto silencio respecto a la contingencia política mientras sirven sus cargos judiciales.

Asisten a los jueces unos setenta abogados asistentes. Estos profesionales no deben hablar sobre su trabajo, el cual consiste en preparar informes para el juez a cuyo cargo se encuentran y, eventualmente, preparar borradores de sentencias. De hecho, Sigrid se incomodó particularmente cuando le pregunté en qué casos había trabajado...

Algo sobre arquitectura jurídica

El tradicional edificio del Tribunal Constitucional, construido en los 50', está siendo renovado en su integridad desde hace un par de semanas con el propósito de incrementar su accesibilidad, seguridad, y ahorro energético. Sin embargo, su principal característica está todavía a la vista: la transparencia. El edificio donde sesiona habitualmente el Tribunal está recubierto completamente de vidrio, por lo cual sus actividades son realizadas literalmente en público. Al mismo tiempo, la perspectiva desde su edificio le recuerda constantemente a los jueces del Tribunal que no están solos en el mundo, sino que están insertos en un contexto muy determinado. Las dependencias del Tribunal Constitucional también incluyen oficinas para el personal administrativo y para los abogados asistentes de los jueces, y una amplia biblioteca que se hunde varios pisos en el suelo.

Otra anécdota personal me servirá para ilustrar las diferencias arquitectónicas y, a través de ello, conceptuales de nuestra institucionalidad constitucional. El año pasado le di un recorrido por Santiago a Robert Post, director de mi tesis doctoral y Decano de la Escuela de Derecho de Yale. Lo que más le llamó la atención del edificio de nuestro Tribunal Constitucional fue que, a diferencia de la Corte de Apelaciones de Santiago, no era posible entrar al edificio sin tocar un timbre y abrir una pesada puerta. Desde luego lo interesante del caso es que, sobre todo hasta el 2005, no era necesario que fuera de otra manera: las personas constitucionalmente autorizadas para litigar ante el Tribunal Constitucional eran muy pocas (básicamente, sólo el Presidente y los parlamentarios) y por lo tanto era razonable que dicho edificio no estuviese acondicionado para recibir la visita cotidiana de público y litigantes. El edificio del Tribunal Constitucional chileno está siendo reacondicionado en estos momentos, tal como el de su par alemán, por lo que dentro de poco sabremos qué quiere transmitir esta institución mediante su nueva disposición arquitectónica. Lamentablemente, su desplazamiento momentáneo del centro de Santiago, el barrio cívico por excelencia, a la exclusiva comuna de Las Condes nos hace temer que el Tribunal no haya percibido todavía el poderoso contenido comunicativo de las decisiones arquitectónicas y, en este caso, urbanísticas.

Para finalizar: una mentira más de la dictadura

Durante los años 70' y 80' la propaganda de los economistas y abogados que proveyeron de funcionarios públicos a la dictadura se inspiraba en el ejemplo alemán para proveer un discurso justificatorio de ella y de sus medidas económicas. La recuperación alemana posterior a la Segunda Guerra Mundial es conocida como "el milagro alemán", y la combinación entre esfuerzos públicos y privados que permitieron dicho proceso es conocida popularmente como "economía social de mercado". Insinuando una comparación entre el gobierno de Allende y el régimen nazi (comparación que fundamenta también los cambios a la estructura constitucional operados mediante la Constitución de 1980 y que nos tienen como estamos), los agentes civiles de la dictadura sostenían que ésta estaba implementando una economía social de mercado. Varios concertacionistas despistados, desde entonces, se sumaron al juego y ocuparon la misma denominación para referirse al régimen de desregulación y privatización chileno.

De eso le contaba a mi amigo Johannes mientras tomábamos cerveza y vino producido por diversos Länder; empresas públicas cuya existencia nuestra Constitución dificultaría notablemente mediante su Artículo 19 Nº 21. El sistema de redistribución entre los Länder, en tanto, sería compatible con nuestro Artículo 3º tal como fuera reformado el 2005, en cuanto dispone que los órganos del Estado "promoverán el fortalecimiento de la regionalización del país y el desarrollo equitativo y solidario entre las regiones, provincias y comunas del territorio nacional"; pero es evidente que nuestro legislador ha sido mucho más tímido en la implementación de la solidaridad entre las regiones de lo que lo ha sido el legislador alemán. La desregulación y privatización del sistema universitario chileno, en tanto, puede parecer a oídos alemanes algo cercano a la ley de la selva o las normas de la mafia siciliana, pero en ningún caso algo compatible con una economía social de mercado. Una simple conversación con alemanes nos recuerda que desde 1973 Chile no ha estado sometido a una economía social de mercado sino a la explotación del hombre por el hombre.

Publicado: 2011-08-16
Fernando Muñoz León
Profesor de Derecho Constitucional