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Homofobia entre nosotros

Por Fernando Muñoz León

Este sábado 10 de noviembre, a la 1:30 de la madrugada, y frente a la discoteca Casona Verde, Pedro Muñoz Leiva –alumno, compañero de curso, amigo, activista, integrante activo de nuestra comunidad universitaria y valdiviana– fue golpeado tras haber besado a su acompañante. El agresor expresó verbalmente su rechazo a esa manifestación de afecto, señalando que le parecía “asqueroso”, y agredió a Pedro y a su acompañante mediante golpes de puño en el rostro.

Esta historia sería incomprensible si uno ignorara que el acompañante de Pedro era otro hombre. Esa información nos permite comprender qué motivó la agresión: la homofobia. También nos permite formarnos un juicio moral sobre los motivos del agresor: particularmente inaceptables. Por último, nos permite saber las consecuencias jurídicas de esta agresión: penalizada como delito de lesiones por los artículos 396 a 399 del Código Penal, y agravada por el numeral 21 del artículo 12 del mismo cuerpo legal, que establece que dicha causal concurrirá cuando el delito haya sido motivado por la orientación sexual de la víctima, agravante introducida por la ‘Ley Zamudio'.

La homofobia, así como cualquier otro caso de odio hacia grupos socialmente estigmatizados o desaventajados, es un estado mental particularmente condenable por quienes actúen guiados por su sentido de lo justo. Esto pues en aquellos casos en que nuestra cultura o nuestras estructuras sociales sitúen a algunos individuos en una posición de desventaja en razón de su sexo, género, orientación sexual, etnia, raza, u otros criterios, lo único justo y moralmente aceptable es que empleemos nuestros recursos para situar colectivamente a dichos individuos en una posición de igualdad con el resto. Contribuir a desmejorar la situación de estos individuos mediante la violencia -sea esta física, verbal, o simbólica- es un acto particularmente deshonroso por parte de quien lo comete.

Esta agresión no es una agresión contra dos individuos, sino contra toda la comunidad. Primero, porque ella vulneró nuestro sentido de lo justo y nuestras leyes, ambos pilares de nuestro orden social. Segundo, porque ella expuso lo peor de los seres humanos, la incapacidad de empatizar con aquel que es diferente, manchando los avances y progresos que como comunidad hemos hecho en los últimos años en esta materia. Tercero, porque ella fue ejecutada contra personas cuya orientación sexual las expone constantemente al escarnio de otros, lo que contribuye a aumentar los niveles de brutalidad y salvajismo en nuestra sociedad. Por todo ello, es que debemos ser inflexibles en la aplicación de nuestras leyes contra quienes así han delinquido.

Es de esperar que el agresor y quienes le hayan asistido en su agresión sean prontamente identificados y castigados de acuerdo a lo prescrito por nuestro Código Penal. Para ello será necesaria la colaboración de la comunidad. Recordemos que en el caso del crimen de Daniel Zamudio, un hecho que hasta el día de hoy enluta a nuestro país, la colaboración de familiares de los agresores fue fundamental para su identificación. Aquí también será necesario que la comunidad de un paso adelante.

Publicado: 2012-11-12
Fernando Muñoz León
Profesor de Derecho Constitucional