Andrés Bordalí SalamancaProfesor de Derecho Procesal
Daniela Accatino ScagliottiProfesora de Teoría del Derecho
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UACh
Felipe Paredes ParedesProfesor de Derecho Constitucional
Fernando Muñoz LeónProfesor de Derecho Constitucional
Profesor Instituto de Derecho Público
Iván Hunter AmpueroProfesor de Derecho Procesal
Jonatan Valenzuela SaldíasProfesor de Profesor de Introducción al Derecho y Derecho Procesal Penal
José Ángel Fernández CruzProfesor de Derecho Penal (en estadía de investigación)
José Aylwin OyarzúnCo director del Observatorio Ciudadano - Profesor de Derecho Indígena
Natalia Rodríguez DonosoProf. Instituto de Derecho Público
Pablo Arellano OrtízProfesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social
Pablo Marshall BarberánProfesor de Derecho Constitucional (en perfeccionamiento académico)
Pamela MilancaProfesor Ayudante Instituto de Derecho Privado y Ciencias del Derecho
Rodrigo Momberg UribeProfesor de Derecho Civil
Susan Turner SaelzerDecana Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UACh
Tamara Saona MarínProfesora Ayudante Instituto de Derecho Público
Vladimir Riesco Bahamondes Profesor de Derecho del Medio Ambiente
Yanira Zuñiga AñazcoProf. de Derecho Internacional Público y Derecho Constitucional
Si uno de tomara en serio el derecho, así como los derechos fundamentales y el ejercicio de la jurisdicción, un caso como éste es inadmisible por antijurídico y absurdo. Lo más preocupante es que constituye una trampa política e institucional.
El derecho procesal civil sigue dando sorpresas. Años atrás se generó un arduo debate en relación a conferir poderes probatorios de oficio a los jueces civiles, siendo calificados de “fascistas” por algunos autores. Hoy en día la polémica ha cobrado mayor fuerza, ya que el Proyecto de Código Procesal Civil enviado por el Presidente Piñera al Congreso ha tomado partido por un juez activo tanto en la conducción del proceso como en la aportación de pruebas.
La universidad hace algunos años se encuentra en una campaña para incentivar a los estudiantes para que hagan un mechoneo o bienvenida a los estudiantes nuevos de una manera creativa y lúdica, dejando atrás una larga historia de actos de violencia y tratos crueles y degradantes que los estudiantes más antiguos propician a los nuevos. Se le llama a esa campaña “mechoneo en buena”.
Antes de su retiro en África, el sacerdote católico Felipe Berríos había comenzado un particular y criollo movimiento de los indignados, criticando a través del diario El Mercurio ciertos elementos de la sociedad chilena que le parecían contrarios a la justicia y equidad social y, supongo también, contrarios a la fe y la doctrina de la Iglesia Católica.
Si en los próximos días se reanudan las clases en las universidades que pertenecen al Consejo de Rectores y en los colegios públicos, todo parece indicar que el movimiento estudiantil habrá cumplido una etapa. Llegará entonces el momento de hacer un balance.
Las movilizaciones ciudadanas desarrolladas los últimos meses nos hacen recordar algo bastante obvio: todo cambio social y político en una sociedad democrática, para que tenga éxito, tiene que contar con el beneplácito de la ciudadanía. Solo los gobiernos autoritarios pueden hacer cambios revolucionarios sin contar con el apoyo de las mayorías. En ese caso, los cambios pueden tener éxito solo bajo la presión de los fusiles y las bombas lacrimógenas.
A comienzos del mes de junio tuve la oportunidad de recorrer algunas ciudades y plazas españolas y presenciar las protestas y movilizaciones de los denominados “indignados”. De vuelta en el país me he encontrado con miles de jóvenes que salen a las calles exigiendo mejoras en la educación básica y superior. De pronto parecía estar en París de Mayo del `68.
Entre las acepciones posibles del término besamanos, destaca aquél que lo entiende como el acto en que concurren a besar la mano del rey y de las personas de su familia los funcionarios de la Corte. Algo similar sucede con el sucesor de San Pedro en el Vaticano, quien usa el anillo del pescador (anulum piscatoris), el que es besado por miembros de la iglesia católica como manifestación de respeto y obediencia. Besar la mano del rey o del obispo de Roma quiere decir sumisión y respeto. Hasta acá parece andar todo bien.
En estos últimos días hemos podido escuchar o leer un nuevo discurso de inauguración del año judicial pronunciado por el Presidente de la Corte Suprema. Se trata de una actividad anual que se inserta en las tradiciones republicanas patrias y que tiene varias virtudes.
El Derecho, al menos el que conocemos en los países occidentales organizados como democracias, es una de las preciosas creaciones que nos ha dado la razón humana. Se trata de un mecanismo complejo que intenta el mayor disfrute por todos de los derechos necesarios para una vida que pueda ser vivida con dignidad.
Hemos escuchado en los últimos días que el Presidente de la República quiere concretizar su promesa anunciada en tiempos de campaña de “derrotar a la delincuencia”, creando para ello una institucionalidad que pueda dar efectiva tutela judicial a las víctimas de delitos.