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Opinión Dr. Andrés Bordalí Salamanca: La política después del conflicto estudiantil

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Opinión Dr. Andrés Bordalí Salamanca: La política después del conflicto estudiantil
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Para algunos la lucha dada por los estudiantes, una vez más, habrá de ser considerada una derrota, pues no obtuvieron todo lo que deseaban, lo que puede resumirse en un cambio de modelo en la educación: una educación pública y gratuita; un rechazo a la mercantilización de la educación; una vuelta a un modelo en que el Estado debe proveer el bien educación de modo de garantizar a todos su acceso.

Sin embargo, si se examina el contexto en que se da la lucha estudiantil, no debe estimarse como una derrota. Ese contexto es la democracia y en ella, por definición, las partes deben ceder a sus planteamientos y lograr acuerdos u obtener solo parte de lo pretendido. Solo los procesos revolucionarios, que normalmente se acompañan del uso de las armas, pueden alcanzar resultados totales, pero exigir eso en democracia es no entender cómo funciona ésta.

Por otra parte, si consideramos que el grupo político que en nuestra democracia tiene el mandato del pueblo para gobernar, es la derecha, con sus facciones más o menos liberales y otras conservadoras pero todas ellas proclives al lucro en todo tipo de actividades y a una economía desregulada, es entendible que este sector, el gobierno, no haya aceptado en su totalidad la propuesta de cambio de modelo educativo exigido por los estudiantes, que corresponde a una propuesta de izquierdas.

Tenemos de este modo que en los procesos democráticos no existen los juegos de suma cero en que uno lo gana todo y el otro lo pierde todo. Pero además, no corresponde exigirle a un sector político legítimamente instalado en el poder que asuma una propuesta reformadora que está en las antípodas de su ADN ideológico.

En este sentido, si los proyectos de ley que se han enviado al Congreso Nacional y los que puedan enviarse en el futuro, se convierten en leyes de la República, los estudiantes y el país completo habrán ganado bastante, pues la inmensa mayoría del país parece estar de acuerdo con que se necesita regular y controlar mejor la provisión de educación que reciben los estudiantes, haciéndola de mejor calidad y con un acceso a ella más equitativo. Los proyectos de ley enviados al Congreso Nacional caminan en esa dirección.

Sin duda que lo que está detrás de lo reclamado por los estudiantes es una crítica a la sociedad excesivamente neoliberal o desregulada que se ha construido en Chile estos últimos treinta años. Hay en todo ello una propuesta de cambio político para hacer de la nuestra una sociedad más justa e inclusiva. El tema a determinar es cómo realizar esa propuesta de cambio.

Noparece lógico que los estudiantes lleven a cabo esta reforma de la política nacional, pues ellos son un grupo ciudadano no político. Tampoco tiene sentido que ellos se transformen en el “partido de los jóvenes”. Lo que corresponde es que ellos participen de los procesos políticos, es decir, que lleven sus reclamos y propuestas al campo político. Para ello ayudaría la inscripción automática en los registros electorales para que puedan participar de los próximos procesos eleccionarios.

Las excusas que se escuchan por parte de algunos parlamentarios en orden a que no hay cómo ubicar los domicilios de muchos de los jóvenes no inscritos, parecen mostrar un miedo a la incorporación de la decisión política de un grupo de personas que no se conforman con el mundo y las oportunidades que esos parlamentarios les han dado. El Estado podría exigirle esa información domiciliaria a las casas comerciales, compañías telefónicas y de internet y se podría completar la información faltante. Urge darle vida a la ley de inscripción automática en los registros electorales.

Esa inscripción de más de un millón de jóvenes a los procesos de decisión política debería ir acompañada de una reorganización de la oferta política existente en el país. Las demandas de los estudiantes deberían ser recibidas por un nuevo referente de izquierda que podría comprender a comunistas, socialistas y ecologistas, cuyas bases políticas podrían ser la equidad en la distribución de la renta (alza considerable en el impuesto a la renta de las empresas), liberalismo moral (apoyo al matrimonio homosexual, despenalización del aborto, despenalización del consumo de drogas, etc.) y mayor protección de los ecosistemas y recursos naturales.

Asimismo, debería crearse un grupo político de centro, conformado por democratacristianos y socialcristianos, preocupados por una mejor distribución de la renta pero conservadores moralmente. En este grupo deberían incluirse algunos socialistas, cristianos de izquierda y, desde luego, democratacristianos.

Todo ello supone dar por terminada la Concertación de Partidos por la Democracia.

El tercer grupo político, la derecha, estaría conformado por todos aquellos que son partidarios de una economía desregulada, bajos impuestos y conservadores moralmente.

La duda es que con este nuevo mapa político dejamos fuera a los liberales de mercado, es decir a los que se toman realmente en serio a Milton Friedman, propiciando un retraimiento total del Estado, no solo en la regulación de los mercados, sino también de la vida privada de las personas. Tanto en Chile como en otros países ese grupo siempre ha sido escaso. Pero podría crecer con el tiempo y constituirse en una cuarta fuerza política, con capacidad de realizar acuerdos con los otros tres grupos políticos para gobernar.

Junto con esta reordenación de la oferta política, que es una cuestión social y no jurídica, se deberían hacer cambios jurídicos importantes, como reemplazar el sistema electoral binominal por uno que permita una mejor representación en el Congreso Nacional.

Hechos esos cambios al sistema y al panorama político, los estudiantes deberían apoyar en las próximas elecciones a aquellos grupos o partidos que podrían llevar a cabo las reformas necesarias a la educación que no lograron en esta pasada, así como al sistema económico en su conjunto, de modo de terminar con el país de castas como lo es el nuestro.

Todo ello podría contribuir a que Chile no solo sea destacado como el país que crece a tasas cercanas al 6% y está alcanzando este año 2011 un PIB per cápita real de U$16.000, que según el FMI se proyecta hacia los US20.000 para el año 2016, sino como el país que ha comenzado a bajar del lugar 126 (entre 147) del ranking del coeficiente de Gini, dejando atrás a países como Zambia, Suazilandia, Cabo Verde, Nepal y Madagascar, que al día de hoy tienen una distribución de la renta similar a Chile, para acercarse a las democracias europeas que son las que tienen la mejor distribución de la renta nacional a nivel mundial.

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