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A 50 años del golpe: actores judiciales abordaron desafíos pendientes para víctimas de la dictadura

La conmemoración de los 50 años es un espacio de encuentro y reflexión de la sociedad chilena, que se centra en torno a la memoria, la democracia y el futuro.


 

Valdivia, 3 de julio de 2023.- En el marco de las actividades de rescate de la memoria a 50 años del 11 de septiembre de 1973, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Austral de Chile, realizó el conversatorio «Actores de la Justicia para los Derechos Humanos: La respuesta judicial a la dictadura».

 

La actividad se realizó el jueves 29 de junio a las 18:00 horas y Casa Luis Oyarzún de la Universidad Austral de Chile y contó con las exposiciones de la Dra. Lisa Hilbink, cientista política y profesora de la Universidad de Minnesota. Autora del libro “Jueces y Política en Democracia y Dictadura, lecciones desde Chile”. Ministro de la Corte de Apelaciones de Temuco, Alvaro Mesa, ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de las regiones La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén y la abogada, Susan Sepúlveda, jueza de Familia de Santiago, miembro del colectivo Justa Memoria de la Comisión de Derechos Humanos y Género de la Asociación Nacional de Magistradas y Magistrados.

 

 

La respuesta judicial a la dictadura en Chile ha sido un proceso complejo y gradual. Después del fin de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990, se iniciaron esfuerzos para investigar y procesar los crímenes cometidos durante ese período.

 

La bienvenida la dio la Decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Dra. Daniela Accatino, quien destacó la valiosa presencia de los invitados, “quienes desde sus distintas experiencias -que dicen relación con la respuesta judicial a las violaciones de derechos humanos cometidas entre 1973 y 1990- nos van a permitir poner sobre la mesa esta experiencia, a lo que la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales quiere prestar especial atención con ocasión de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado”.

 

El ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos, Alvaro Mesa, señaló que aún quedan desafíos pendientes en la búsqueda de verdad y justicia para todas las víctimas de la dictadura. “Los desafíos que faltan es seguir investigando, que se dicten más sentencias, que existan los medios pertinentes para seguir con las investigaciones, y otro desafío es el consenso que tiene que haber en la sociedad, como lo dijo el Informe Rettig, respecto de los hechos ocurridos 1973 – 1990. La judicatura, tiene que ser siempre un baluarte para la defensa de los derechos humanos”.

 

Por su parte, la autora del libro “Jueces y Política en Democracia y Dictadura, lecciones desde Chile”, Dra. Lisa Hilbink, puntualizó que por ser un período donde se cumplen 50 años del golpe de Estado, sería importante que exista una declaración formal desde la judicatura. “Los cuatro pilares de la justicia transicional son verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición; sin duda, este último pilar es lo más difícil, pero es lo más importante para mirar el futuro. Hay una deuda con las víctimas, pero también con la sociedad; entonces, el mensaje sería buscar la manera de garantizar la no repetición en Chile”.

 

La jueza e integrante del colectivo Justa Memoria de la Comisión de Derechos Humanos y Género de la Asociación Nacional de Magistradas y Magistrados, Susan Sepúlveda, sostuvo que es relevante continuar avanzando, ya no solamente en el reconocimiento, en el perdón, sino que entregar justicia efectiva y evitar la impunidad biológica. “Quiero destacar nuestro lema que es recordar para no repetir, no olvidar, la memoria es necesaria como derecho humano y nos permite recordar momentos históricos que no nos gustaría repetir nunca más en Chile”.

 

 

 

 

 


 

El mal y el bien: dos caras de estos 50 años

Columna de opinión publicada en el diario La Tercera, por la Profesora Titular del Instituto de Derecho Público de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Dra. Yanira Zúñiga.


“Fue como si en aquellos últimos minutos resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal”. Así, Hannah Arendt relataba la ejecución de Adolf Eichmann, quien fuera artífice de la exterminación de millones de judíos, tras ser sometido a juicio en Jerusalén. La “banalidad del mal”, un verdadero oxímoron, resume así una teoría que ha sido tan influyente como controversial. En línea con el autorretrato suministrado por el propio enjuiciado (este había caracterizado su participación en dichos crímenes como mera “ayuda y tolerancia”), Arendt sostuvo que más que un monstruo, Eichmann era un burócrata, una pieza estándar de un engranaje que ritualizó y mecanizó la maldad.

 

Pese a que su teoría es contraintuitiva (a menudo ha sido malentendida como una relativización de crímenes horrendos), en realidad Arendt ensancha el rasero moral. Muestra que el mal, y su contracara, el bien recorren un amplio espectro y se expresan de formas diversas. El mal no proviene de patologías ni requiere personalidades demoniacas, prolifera con la ausencia de pensamiento crítico, puede ser esculpida por las manos de individuos anodinos o mediocres, e inocularse a través de diversos medios. Por su parte, el bien no necesariamente presupone siempre acciones heroicas, sino conductas reflexivas, empáticas y responsables.

 

A 50 años del golpe militar, la teoría de Arendt es útil para mirar las luces y las sombras de esta conmemoración. Es un faro moral más exigente que sirve para evaluar una serie de discursos que se manifiestan como una fábula que reconstruye nuestra historia reciente, presentándola como una zona elástica de grises e inversiones morales. En ella, el quebrantamiento de la democracia aparece como algo “inevitable”, causado por la (supuesta) inviabilidad de un determinado programa político; mientras las víctimas son implícitamente responsabilizadas por su propia suerte. Esa narrativa, aparentemente legítima o inocua, carcome los cimientos de la democracia, reduce el aprendizaje moral y, por consiguiente, nuestra capacidad como sociedad de custodiar los derechos humanos.

 

Pero esta conmemoración no solo nos deja las acciones de quienes, como dice Arendt, no siendo estúpidos, suspenden el juicio crítico. También nos ofrece biografías inspiradoras, historias poco conocidas de personas, cuyas acciones han redundado en un bien colectivo: la construcción de memoria. Rescato, en este sentido, las acciones de Peter Kornbluh, quien ha dedicado 30 años de su vida a la desclasificación y recomposición de los archivos de la intervención de Estados Unidos en Chile; y de Amira Arratia, quien, siendo bibliotecaria, resguardó los archivos de TVN que iban a ser destruidos por la dictadura. A la vista está que la virtud no precisa de santidad ni de heroísmo; se arraiga en la convicción y en la vivencia profunda de una civilidad, a menudo anónima y desinteresada.

 

 

Dra. Yanira Zúñiga.

Profesora Titular del Instituto de Derecho Público.

Columna de opinión publicada en el  Diario La Tercera 

https://www.latercera.com/opinion/noticia/columna-de-yanira-zuniga-el-mal-y-el-bien-dos-caras-de-estos-50-anos/IBGP6ZFXYVF27BSLUKP3SPZQ5U/

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